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Perdón Parte 2: Integrando la Culpa

Continuando con la serie sobre el perdón, ahora vamos a abordar la culpa para entender como integrarla de manera que podamos transformar lo que ha dejado de ser útil en nuestro presente.

Algunos de nosotros hemos aprendido a asumir la responsabilidad por el bienestar de los demás, desde el emocional hasta el material. A partir de este rol surgen muchas culpas a lo largo de nuestras vidas, pues tratamos de agradar a todo el mundo para garantizar la armonía en donde quiera que estemos y si sentimos que no lo logramos nos culpamos por las consecuencias de nuestras “faltas”.

Por definición de la RAE, culpa es la imputación a alguien de una determinada acción como consecuencia de su conducta, pero, ¿será que realmente lo que sucede es por culpa de alguien?, ¿y si mejor aprendemos TODOS a asumir nuestra responsabilidad en cada asunto y buscamos juntos la manera de hacer los ajustes necesarios para que la próxima vez TODOS seamos responsables por la consecuencia “buena” de nuestros actos?

Quiero compartir una historia personal. Un día, saliendo del parqueadero de un centro comercial, me estrellé contra un carro en movimiento. Las dos personas al volante estábamos andando en reversa y nos estrellamos. Cuando me bajé del carro, la señora muy nerviosa empezó a decirme que la culpa había sido mía, yo simplemente le dije que las dos estábamos manejando y que, por lo tanto, la responsabilidad era de las dos. A esto me refiero con el hecho de asumir la responsabilidad, esto puede pasar en diferentes ambientes y áreas en nuestra vida, pero siempre a través del diálogo podemos construir una consecuencia mejor para la próxima.

Integremos la culpa para canalizarla como una responsabilidad personal, en la que cada uno de nosotros asumimos conscientemente que nuestros actos (o falta de ellos, que también son actos) tienen un impacto en todo y todos a nuestro alrededor y construyamos consecuencias más asertivas a partir de cada situación.

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Con amor,
Ángel

Integrando al Ego: 3 pasos para integrar nuestro deseo y la expectativa social

Hemos entendido como es necesario establecer límites, a partir de nuestras verdaderas necesidades, para relacionarnos de una manera más constructiva y así poder integrarnos para conectarnos con quienes realmente somos.

Pero, ¿por qué concentrarnos tanto en la integración en vez de enfocar el positivismo?, es simple, si queremos que el mundo cambie tenemos que pararnos en otros puntos de vista, es todo una cuestión de decisiones personales. Durante los últimos años, he venido fortaleciendo mi creencia de que somos todos uno, es como hacer parte de un cuerpo en el que cada uno de nosotros tiene una determinada función y que, al integrarla a la función de todo en el sistema, se potencia.

¿Podemos imaginarnos al cerebro trabajando solo e independiente de todo el resto del cuerpo? Al pensar en eso nos damos cuenta de lo importante que es integrarnos cada vez más. Por ejemplo, mientras más integramos la nutrición, la actividad física, la presencia (meditación en todo lo que hacemos), la respiración, el aprendizaje, la actividad mental y los sentimientos, de manera apropiada, mejor funcionan todos nuestros órganos, tenemos más energía y nos relacionamos de manera más armónica con todos, y todo, lo que nos rodea.

Y ahora que podemos entender mejor la cuestión de la integración vamos a enfocarnos en un punto muy importante: Nuestro EGO. El Ego es la forma como nos reconocemos y somos conscientes de nuestra propia identidad, según Freud, es el equilibrio entre nuestros deseos y lo que la sociedad espera de nosotros. Entonces si deseamos vivir de nuestros talentos pero a la sociedad le parecen poco lucrativos podemos entrar en conflicto porque necesitamos decidir entre lo que nos encanta y lo que se espera. Pero, ¿y si aprendemos a integrar el ego y lo usamos a nuestro favor? Es posible siguiendo estos pasos, que pueden ser aplicados en cualquier área de nuestras vidas:

  1. Identificar lo que nos apasiona y construye: evitemos ese montón de rótulos, podemos sentir que fluimos con muchas actividades en nuestra vida, podemos crear a partir de ahí nuevas maneras de ofrecerle al mundo lo que podemos dar. Hay infinitas posibilidades dentro de una misma área, pensemos y sintamos diferente, integremos nuestras pasiones en lo que queremos hacer y llevemos eso al mundo. ¿Que tal ser un profesor de música que integra la composición musical con sus experiencias personales? Todo es posible.
  2. Identificar lo que se espera de nosotros: aquí todo depende de los puntos de vista de los demás porque la sociedad no espera lo mismo de todo el mundo, de hecho queremos cada vez más productos y servicios diferenciados o personalizados. Primero es necesario identificar con quien queremos conectarnos en nuestra vida y, a partir de ahí, entender que es lo que ese grupo de consciencias espera de un trabajo como el nuestro.
  3. Integrar las dos visiones con propósito y de una manera próspera: ya que sabemos lo que queremos, y lo que determinado grupo espera, podemos construir nuestra propia manera de prosperar dentro de la sociedad, con un propósito. Sentir lo que hacemos con el corazón (que nos hace disfrutar la vida) y materializarlo con la mente (que nos conecta con la realidad material), es una integración interesante y constructiva, otro punto de vista.

Enseñemos a nuestro Ego que existen otros puntos de vista, integrémoslo como parte vital de nuestro desarrollo personal y expandamos nuestra conexión personal. Yo escojo vivir desde el punto de vista de “la supervivencia del más sabio”. ¿Y tú? ¿Qué punto de vista escoges?

Con amor,
Ángel