Aprendiendo a Decir “NO”

 

Asistiendo a algunas personas en sus procesos personales esta semana, el asunto más relevante ha sido el miedo a decir “NO”.  Este miedo nace de la necesidad que tenemos de mantener todo como está porque pensamos que es la única manera de vivir e interactuar con las personas a nuestro alrededor. Con el tiempo, algunos de nosotros hemos aprendido a agradar a las personas con las que nos relacionamos (amigos, familia, colegas, etc.), sentimos que todo es más fácil cuando percibimos que, aparentemente, todos quedan satisfechos con nuestras acciones y dejamos de lado lo que realmente queremos y necesitamos para ver a los otros sonreír, unas veces con el deseo de ser buenos hijos, padres, amigos, colegas, etc., otras porque es la única manera en que nos hemos relacionado con las personas y nos acostumbramos a eso.

Algunas veces evitamos la palabra “NO”, aunque sintamos que es necesaria, porque suponemos que van a pensar o a decir algo específico sobre nosotros, y le tememos a cómo la consecuencia puede impactar nuestra imagen. Es importante que recordemos que es imposible agradar a todo el mundo, inclusive dentro de nuestro núcleo familiar podemos encontrar personas que desaprueban nuestras acciones por más bondadosas que puedan parecernos, es aquí que se percibe la importancia de que seamos más auténticos, por lo menos así nos relacionamos con las personas que auténticamente tienen más afinidad con nosotros.

Decir “NO” puede ser tan saludable como decir “SI”, para esto es necesario que nos conozcamos lo mejor posible y transmitamos eso de la manera más asertiva posible a las personas con las que nos relacionamos. Veamos algunos casos para entender cuando el “NO” es necesario en la situación en que nos encontramos:

  1. Caso 1: ¿Si decimos “NO” nos sentimos mal por la reacción que los otros pueden tener o porque realmente queremos decir “SI”? Si la respuesta es por la reacción de los otros es importante que nos cuestionemos los motivos por los cuales realmente no queremos hacer lo que nos piden, pues encontramos respuestas de nosotros mismos que nos llevan a tomar decisiones más asertivas.

  2. Caso 2: ¿Nuestras decisiones están sujetas a la dependencia que tenemos por alguna persona? En algunos momentos de nuestra vida podemos sentirnos en la obligación de hacer cosas a cambio de algo material o emocional. A veces, cuando nos sentimos dependientes de algo o de alguien, nos volvemos sumisos al poder del otro perdiendo nuestra identidad y así el respeto que nos tenemos. Es esencial evaluar si nuestras acciones vienen de nuestro deseo o de nuestra necesidad de cumplir ciertas obligaciones que se han creado por la dependencia.

Rescatar nuestra identidad es la mejor forma de decirnos a nosotros mismos que nos aceptamos y que estamos dispuestos a fluir con todo lo que somos, aunque eso implique la desaprobación de las personas que tenemos como prioridad en nuestras vidas, pues sólo así podemos crear espacio para que las verdaderas relaciones que nuestro corazón desea se manifiesten.

Con amor,
Ángel

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2 Comments

  • OMA 2445 dice:

    Se reduce a un intercambio, te doy aprobación me das cariño, me das aprobación continuo con tigo, y así indefinidamente. Es la forma que hemos percibido para relacionarnos. Tu me apruebas yo te apruebo.

    • Ángel dice:

      De acuerdo, toda relación es un intercambio, la cuestión es cómo nos afecta hacer un intercambio en el que damos algo que no somos o no queremos realmente dar. Con un intercambio sano y respetuoso creamos bases más transparentes y sólidas para relacionarnos.

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